ME ENCANTA SER SUMISA QUE ME DOMINEN

En una ocasión en que le pedí a un tío Graham, geografía que me pegara en el culo mientras jodíamos, me miró horrorizado antes de darme unas cuantas palmadas torpes y continuar con lo que había estado haciendo hasta ese edad.

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Libros y relatos sobre la sumisión y FEMDOM.

Siempre había soñado con tener esas tetas en mi boca y ahora no podía contenerme. Yo era Woodward. Para mí fue muy duro someterme a ella, pues como os digo, no nos llevamos bien. Por mi parte, no hay duda de que Ryan me ayudó a encajar una de las primeras piezas del rompecabezas. Suficiente para aliviarte. Creo que conseguí que mi cara no delatara mi espanto —dados mis gustos personales, sería una grosería reaccionar achaque a los gustos de otra persona— pero, curiosamente, no volví a quedar con él. Ella dio un pequeño gritito, empero no se quejó. Luci disfrutaba ahora de mis lamidas, para mí, hacer aquello era un sueño hecho realidad. Cuando nuestras miradas se cruzaron fue como si un hechizo se rompiera.

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Luci cogió el pepino y lo puso frente su cara. Empero me obedeció. Han cambiado muchas cosas en mi vida desde entonces. En cuanto averiguara cómo se hacía eso. Muy fuerte. No les miré, me daba mucha vergüenza.

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Le quité el pepino de sus manos y puse uno de los extremos sobre mi coñito. Me gustaba verla así. Por eso Eli usaba su zapatilla de deporte para azotarme a mí. Lo duros que tengo los pezones bajo el exilio del sujetador. Es mi Gobernante y yo soy su brazal.

Por qué soy al mismo tiempo sumisa en la cama y feminista

Yo volví a agarrarla de sus pezones y tirando de ellos, hice que me siguiera dando pasitos ridículos para evitar que sus bragas cayeran de adonde yo la había ordenado que debieran estar. Solo disponía de cuarenta minutos antes de salir para reunirme con él, por lo que no tenía tiempo que perder. Apoyando mis manos en sus nalgas, llevé mi cara entre ellas, para acontecer mi lengua por su adorable chochito de niña. Cuando me agarró del pelo y me folló la boca para las embestidas finales, me lo hundí hasta el fondo y bebí su leche con avidez. Ya parecía no importarle, pues tenía una bonita sonrisa en su cara. Algo muy típico en cuanto a consoladores caseros se trataba.

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